Al lado de la etapa 5

El seguimiento

Una consulta que no cerró en la primera charla sigue abierta un tiempo largo, y lo que la termina de apagar es el silencio. Este trabajo arranca cuando la pauta ya trae consultas de forma pareja, y se ocupa de dos frentes: los contactos que todavía no compraron y los que ya compraron una vez.

Cuando una consulta no cierra, el dueño la archiva como problema de precio. En el registro suele figurar otra cosa: hubo un mensaje el primer día y después nada. El contacto quedó ahí, con nombre y teléfono, esperando algo que no llegó. Ordenar eso es trabajo de escritorio: definir cada cuánto se retoma, con qué motivo, quién lo hace y en qué planilla queda anotado.

La consulta no se muere el primer día

El que pregunta un martes y no compra puede estar comparando, esperando la quincena o consultando por otro que decide. Nada de eso se resuelve en la primera charla. A la semana, cuando ya decidió, el que se queda con la venta es el que volvió a escribir.

En la revisión miramos qué pasó con las consultas que no cerraron: cuántas tuvieron un segundo contacto, cuántas quedaron con la última palabra del lado del cliente y cuántas no se anotaron en ningún lado. La lista de pendientes casi siempre vive en la cabeza de una persona, y lo que no queda escrito no se retoma.

Cada cuánto, con qué motivo y quién lo hace

Un seguimiento que funciona tiene cuatro cosas definidas antes de empezar: a los cuántos días se vuelve a escribir, con qué motivo concreto, quién de la empresa lo hace y dónde queda registrado. Sin las cuatro, el seguimiento depende del ánimo del día y de quién esté menos ocupado.

El motivo es lo que más falta. Escribir para preguntar si lo pensó repite la charla anterior y se lee como insistencia. Sirve una fecha de entrega que se corrió, una lista nueva, un turno que se liberó, un trabajo parecido terminado a diez cuadras. Eso se arma con el cliente, sobre lo que su negocio tiene para contar.

El que ya compró no vuelve solo

Ese contacto conoce el producto, pagó una vez y sabe cómo lo atendieron. Volver a venderle no arranca de cero, como sí pasa con un contacto nuevo, y depende de que alguien sepa qué compró, cuándo, y cuándo le toca otra vez. Casi ninguna PyME tiene eso ordenado: la lista de clientes termina siendo un historial de facturas.

Se revisa si existe un listado con qué compró cada uno, si hay un momento previsto para volver a ofrecerle algo, si esa tarea tiene dueño y si el que atiende sabe qué decir cuando llama. Ese listado entra al mismo entrenamiento de la etapa cinco: en una de las videollamadas se trabaja qué se le dice al que ya compró y cuándo se lo llama. El material queda del lado del cliente, por escrito, y no en la cabeza del que se acuerda.

Dónde entra esto en el trabajo

Esta página es la continuación de la consultoría comercial, que es la quinta etapa del mandato. Se ocupa de lo mismo, del otro lado: el seguimiento de lo que ya entró.

El contacto que no cerró sigue estando

Vemos qué pasa hoy con los que preguntaron y no compraron, y con los que compraron una sola vez: quién los retoma, cada cuánto, con qué motivo y dónde queda anotado.

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